Archivo para 13 septiembre 2010

Almendra – Ensayando (MATERIAL INEDITO)

Nirmanakaya – Orion’s Beethoven (1972)

Buenos Aires Beat (1970)

Un cortometraje de Nestor Abel Cosentino.

Mar del Plata y El Rock

Hubo una vez en Mar del Plata un boliche llamado Mandioca, ubicado en la calle Boulevard Marítimo y Alsina. Funciono durante el verano de 1969 y por ahí desfilaron grandes de nuestro rock. Tocaron Manal (que fue la única vez que Manal fue un cuarteto porque Pappo se unió al trío como tecladista) y como gran anécdota, uno de los habitués del lugar fue Guillermo Vilas quien no superaba los 16 años de edad cuando iba a ver al trio Manal.

Mandioca Mar del Plata (1969)

Mar del Plata — Hasta la segunda quincena de enero, el subsuelo de una anónima casa de departamentos. Después fue invadido por tres militantes del flower power, Rafael López Sánchez, 20 afios, Pedro Pujó, 20, y Javier Arroyuelo. 18, que lo metamorfosearon en un centro ruidoso para amantes de la música beat. Mandioca es un apéndice del sello grabador que crearon este invierno —Mandioca, la madre de los chicos— y que se empeña en erigir como puntales de la vanguardia local al grupo Manal: Miguel Abuelo y a Cristina Píate. Los tres números y Moris, Samantha, Hielo y Susana alternan sus actuaciones con cintas de música (importada) que reproducen fidelísimos aparatos estereofónicos y un abundante número de amplificadores. Para no renegar completamente de su pasado de sótano, Mandioca ostenta una decoración especial; pintado de gris —con franjas negras y amarillas en los zócalos— el techo está salpicado de zapatos viejos y manojos de mates (“es el toque telúrico”, asegura un habitué) . Las sillas y las mesas —detalle caduco— fueron reemplazadas por un objeto único: los concurrentes pueden optar entre sentarse en neumáticos de automóviles (prolijamente pintados de negro) o, de lo contrario, sentarse en el suelo y depositar en el neumático el vaso y sus pertenencias. Este signo de originalidad incomodó a una comisión de Salud Pública de la Municipalidad de Mar del Plata, que intentó clausurar el local arguyendo que “los neumáticos son antihigiénicos para sentarse; se deben usar mesas y sillas”. Luego de una ardua discusión, los responsables del local convencieron a la comisión —aunque no demasiado: la amenaza de cierre está pendiente— de que el hecho de que los neumáticos de automóviles nunca hayan sido utilizados antes como asientos no es una señal de suciedad sino una falta de imaginación. Mientras continúa el pleito, el nuevo templo congrega cada noche a una nube de practicantes que pagan 500 pesos por la copa y la posibilidad de acceder a un violento nirvana (Boulevard Marítimo 2829) Primera Plana – 25 de febrero de 1969